Una Pesadilla Casi Real

13.07.2021

Es lunes, un día muy pesado en el trabajo, después de este fin de semana largo hubo muchas cosas que hacer, reuniones interminables, papeles acumulados, mil correos que responder, y yo solo pienso en estar en casa, algo me inquieta y aún no sé que es, algo me tiene intranquilo, tenso.

Salí como todo los días a las 7 de la tarde en punto, la tarde está un poco fría, extraña, me subí a mi auto, prendí la radio, pero a los minutos la apague, estaba muy intranquilo, sentía que algo no está bien, sabia en el interior que algo pasaba y no es nada bueno, solo pensaba en llegar pronto a casa.

Los semáforos se ensañaron con mis ansias, parece que se pusieron de acuerdo en estar todos en rojo y retrasar mi viaje, con eso mis escalofríos se hacían más intensos y la angustia crecía a cada segundo. Todo a mi alrededor parecía estar mal, este camino lo he recorrido un millón de veces, pero hoy se me hace diferente, las personas, las casas, los edificios parecían tener algo distinto, algo inusual.

Cuando por fin llegué a casa, las luces estaban apagadas, se notaba una luz tenue que venía del interior, parece ser la luz de la cocina, eso aumentó más mis malos pensamientos, una rara pero fuerte sensación recorrió todo mi interior, el camino desde el auto a la puerta de la casa fue como en cámara lenta, como si mi subconsciente me escondiera algo, sentí una soledad absoluta, puse la llave en la puerta para abrirla y la meter la llave, parecía que me estaba metiendo una cuchilla en el corazón.

Marcas de patas del gato de la casa rojas de sangre, es lo primero que veo al entrar en casa, me paralice, me quedé unos segundo ahí parado, no sabía si entrar o no, miré a mi alrededor y todo excepto las marcas del gato, estaba igual que siempre. Entre muy despacio, mi corazón latía a mil por hora, la angustia se apoderó de mí, llegué hasta la cocina, aún estaban los platos del almuerzo en la mesa, seguí rumbo a mi habitación, las marcas de patas de gato me hicieron seguir ese camino, la puerta estaba entreabierta, tomé la perilla, pero antes de abrir respiré profundo, cerré los ojos y en mi mente pasaron mil imágenes de desastre, mi corazón suplicaba que todas imágenes no fueran la realidad, pero antes de abrir la puerta siento una mano en mi hombro y una punzada en la espalda, un susurro que apenas pude distinguir me decía al oído: "Estás bien, parece que tienes una pesadilla"