Un recuerdo En El Olvido

09.12.2019

Que angustiante resulta no saber quién soy y dónde estoy. Llevo media hora pensando que hago aquí, empiezo a buscar en mis bolsillos y encuentro una tarjeta en la que hay un número de teléfono y un nombre: "Mauricio" y dice: "llamar en caso de emergencia"

  • Buenas tardes, estoy llamando ya que encontré una tarjeta que dice llamar en caso de emergencia.
  • ¡Papá! ¿Dónde estás?
  • Perdón, ¿cuál es su nombre?
  • ¡Papá, soy Mauricio! ¡Dime donde estas!
  • Joven estoy perdido y no sé dónde estoy.
  • ¡Papá dime qué ves! ¿Puedes caminar a una esquina para ver el nombre de la calle?
  • Estoy en la intersección de las calles General Velásquez y Palacios, frente a un parque.
  • ¡Papá, por favor no te muevas de ahí! voy enseguida.

¿Qué raro? Este joven me llamó papá y no recuerdo tener hijos, no recuerdo su voz. Tengo mucha angustia, no debí llamar.

Comienzo a caminar, extrañamente el lugar lo encuentro muy familiar, pero no recuerdo haber estado aquí antes.

Miro a mis alrededores y no veo ninguna cara que me resulte familiar, comienzo a desesperarme ya que no tengo idea de cómo llegué aquí y no sé cómo volver a mi casa, hasta que encuentro a un policía.

  • Buenas tardes señor ¿usted me podría ayudar?
  • Sí señor, dígame ¿qué puedo hacer por usted?
  • Estoy perdido, no sé cómo llegar a mi casa ¿me podrá ayudar?
  • ¿Cuál es su dirección?

Con mucha tristeza hice una pausa, pero no pude decirle nada ya que no me acuerdo, me empiezo a desesperar, se me acelera el pecho, tengo mucha angustia y rabia.

  • Señor policía, no me acuerdo de mi dirección y no sé dónde estoy.
  • Tranquilícese, yo veré cómo le ayudo, por favor ¿me puede dar su nombre?
  • Tampoco lo recuerdo, lo siento.
  • No se preocupe, me puede dar su billetera, tal vez ahí encuentre sus datos.

Le entregue la billetera al policia, me dice que mi nombre es Marcial del Rosario Guajardo Martínez, mi dirección es Avenida los Aromos #2698 y que estoy lejos de casa, pero que me va a enviar con una patrulla, me pide que espere un momento hasta que llegue.

A lo lejos escucho mi nombre, es un muchacho que está corriendo hacia donde me encuentro con el policía y dice:

  • Gracias a Dios estás bien papá ¿Por qué no te quedaste donde me dijiste que estarías?
  • Buenas tardes joven ¿Quién es usted?
  • Mauricio, tu hijo papá.
  • Señor policía, a este muchacho no lo conozco y me dice que yo soy su padre.
  • Oficial aquí está mi identificación, mi padre sufre del mal de Alzheimer y no recuerda quien soy.
  • Por favor señor policía, no me deje solo con este joven.
  • Tranquilo Don Marcial, este joven es su hijo como dice.
  • ¿Por qué no lo recuerdo?
  • Papá es por tu enfermedad, pero no te preocupes ya estoy aquí.
  • Gracias señor policía por su ayuda.
  • De nada don Marcial, trate siempre de tener alguna tarjeta con su identificación con información de sus datos y contactos, para poder ayudarlo mejor.
  • Así haré.

Me subo en el auto de Mauricio, que dice que es mi hijo, pero la verdad es que no recuerdo y no sabía que tenía uno.

  • Joven ¿usted me llevará a mi casa?
  • Claro papá, para allá vamos.

Le empiezo a hacer preguntas y me cuenta que tengo 76 años, que soy jubilado de la marina, que esta enfermedad la tengo hace 6 y que estoy a cargo de los cuidados de él. A medida que Mauricio me va hablando logro confiar en él, parece un buen muchacho y sincero.

Cuando llegamos le digo a Mauricio ¿Porque estamos aquí? ¡Tú dijiste que me llevarías a casa! A lo que él me contesta:

  • Papá, ya estamos en casa

Entrando ahí me pregunto ¿Por qué no recuerdo nada? Al mirar alrededor me doy cuenta de que estoy en mi casa, ya que veo muchos retratos míos y de otras personas que no reconozco. También veo una fotografía donde estoy a un costado de Mauricio, al parecer es su graduación, eso me deja mucho más tranquilo ya que pensé por un momento que no era real, cuando Mauricio me dice:

  • ¿Papá ya lograste recordar algo?
  • La verdad que no, pero veo que estas en algunas fotografías junto a mí. Intento recordar pero no lo logro hacer.
  • No te preocupes papá, el médico nos dijo en la visita del lunes, que pasarían estas cosas.

Que lamentable, tampoco recuerdo haber ido a visitar al médico, todo esto es muy confuso. Cuando estoy pensando en eso, se me clava la mirada en una fotografía que está en el centro de la pared, estoy al lado de una mujer hermosísima y muy joven, tanto como yo en la fotografía ¿Quién será? Y le pregunto a Mauricio:

  • Mauricio ¿Quién es esa mujer tan bella?
  • Papá ella es tu esposa, mi madre.
  • ¿Verdad?
  • Sí, ¿te puedo decir algo papá?
  • Sí claro Mauricio, necesito información de mí.
  • Cada vez que miras esa foto dices lo mismo y me da mucha alegría saber que no importa si recuerdas o no, al final, siempre te volverás a enamorar de ella.
  • ¿Y dónde está ella ahora?

Mauricio hizo un silencio, no respondía, le vuelvo a preguntar ¿Dónde está ella? Y después de ver que una lágrima salía de sus ojos, tragó saliva y me dice:

  • Papá, mamá murió hace 7 años.

Esa noticia fue muy inesperada para mí, ella es una mujer muy hermosa, a pesar que no la conozco o no recuerdo, al ver sus ojos y su mirada, de seguro que estaba muy enamorado de ella.

  • Mauricio ¿Cuál era su nombre?
  • Leonor Sánchez.

Mauricio trajo un álbum de fotos que saco del librero, es un álbum muy grande, en la que me empieza a contar la historia de cada una de ellas. Vi cuando nos casamos, estaba preciosa, también vi algunas de fotos de Mauricio y otra de una niña, me pasó algo muy raro al ver esa foto, porque esa muchacha se parece mucho a ella y me dio una nostalgia extraña y le pregunto:

  • Mauricio ¿Quién es esa niña?

Nuevamente Mauricio se quedó en silencio, eso de cierta manera me incomodaba un poco, ya que necesitaba que diera más información, por más esfuerzos que hacía para recordar no podía, sólo sentía cosas en el pecho, cuando Mauricio al fin me logra decir:

  • Ella es mi hermana mayor, Rocío.
  • ¿Dónde está ella?
  • Papá ¿verdad, que no recuerdas nada aún?
  • No, ¿Por qué?

Papá ya hemos pasado por esto muchas veces en estos 6 años, pero la verdad es que nunca es fácil hablar de esto; para mí aún es doloroso y prefiero que por hoy no sigamos con esta conversación, ¿qué tal si lo dejamos para mañana que es sábado y te sigo contando más cosas? A lo que yo le respondo que no, que quiero saber más, porque veo las fotos y necesito saber quién soy, porque no recuerdo nada.

  • Papá por favor, por hoy es suficiente, tantas emociones y recuerdos pueden afectar a tu corazón que debemos cuidar, ya que hace 3 años tuviste un infarto.
  • Bueno Mauricio ¿Dónde está mi habitación?
  • Por acá, acompáñame.
  • ¿Me puedo llevar el álbum de fotos?
  • Claro, es tuyo.
  • Gracias.

Ya acostado en mi habitación, comienzo a ver el álbum, veo que ella siempre tiene una sonrisa dibujada en el rostro, es hermosa y conforme pasan los años su sonrisa jamás deja de iluminarlo todo. Me quedé dormido mirando las fotos.

Me despierto muy temprano, son las 6 de la mañana, aún está oscuro y no amanece, me levanto a servirme un café, voy a la cocina, llega Mauricio muy asustado y me pregunta:

  • Papá ¿Qué estás haciendo?
  • Buenos días Mauricio, quiero tomar un café.
  • ¡Ah que alivio! pensé que otra vez te habías perdido.
  • No, sólo tenía ganas de tomar café y no quería despertarte por la hora.
  • No te preocupes papá, sólo quería saber si estabas bien ¿te preparo el café?
  • Bueno hijo, muchas gracias.

Comenzamos a charlar, le pregunté por él, que hace y más detalles de su vida, porque también quiero conocerlo y me cuenta que está separado hace un año, Julieta su esposa vivía con nosotros en casa y por causa de mi enfermedad ella no quiso ser parte de mi cuidado, así que se fue y le digo:

  • ¡Pero Mauricio! ¿por qué no me envías a un asilo donde me puedan cuidar?
  • ¡Eso jamás papá! Mira si Julieta no quiso ayudarme en esto que importante para mí, no quiero hacer una familia con ella.
  • Pero hijo, yo estoy viejo y no creo que dure muchos años más y seré una carga para ti y tú debes hacer tu vida.
  • Papá ya lo haré, por lo pronto quiero cuidarte, porque fuiste el mejor padre que pude tener y yo sé que no lo recuerdas, pero eres un extraordinario ser humano y el mejor padre del mundo.

Las palabras de Mauricio me sorprenden mucho, pero a la vez me da mucha pena que esté sacrificando su vida por cuidarme, no debería hacer eso y le digo:

  • Mauricio, me gustaría que pudieras rehacer tu vida. No te preocupes por mí, yo estaré bien.
  • Papá quiero pasar el máximo de tiempo junto a ti, ya que sólo nos tenemos el uno al otro en este mundo.
  • ¿Y por qué? Ayer me hablaste de Rocío ¿Dónde está?
  • Papá tómate el café que hoy tenemos cosas que hacer. Debemos ir a la feria y al supermercado, hay llenar la despensa.
  • Bueno, pero prometeme que me vas a hablar más de lo que no recuerdo.
  • Así lo haré.

Salimos de casa como las 9 de la mañana, el día está precioso, se nota por los árboles y jardines que es primavera, el aroma de esta estación me encanta, el colorido de las flores, el crecimiento de la hierba. Hacemos el recorrido casi en silencio, hasta que llegamos a la feria a comprar las frutas y verduras para la semana.

Es extraño, mucha gente me saluda y me estrecha la mano pero no logro reconocer a nadie. Terminamos de realizar las compras y nos fuimos al supermercado. Mi hijo me compró cosas personales y unos chocolates que dice que me encantan. Me invitó a almorzar en un restaurant del centro, donde el dueño se nos acercó y nos saludó muy cordialmente.

Un par de horas después por fin llegamos a casa. Ordenamos las compras y en eso le pregunto cómo hace para obtener dinero y para pagar todo y él me responde:

  • Papá, gracias a ti pude estudiar en la universidad, tú me pagaste mis estudios y ahora tengo una empresa de venta de productos por internet, es por eso que no tengo que salir de casa y así poder cuidarte.
  • ¿De verdad hijo? No quiero ser una carga para ti, eres joven y debes vivir tu vida.
  • Papá aunque no recuerdes, esta conversación la hemos tenido mil veces y la verdad es que no voy a dejarte solo.

Quisiera que Mauricio hiciera una vida normal, es un joven de muy buen corazón y le digo:

  • Mauricio, noto que me has estado evadiendo con respecto a lo que te pregunté ayer, perdóname por la insistencia, pero quiero saber por Rocío y saber más de tu madre.
  • Papá, de verdad es que esto es muy fuerte, todavía es algo que me hace sufrir mucho, pero también tienes el derecho a saberlo... ¡otra vez!

El 23 de noviembre ustedes están de aniversario de matrimonio con mamá y cada año se juntaban en el Parque de las Flores, que está en la intersección de General Velásquez y Palacios, fue ahí, donde le pediste matrimonio. Esa historia la conocemos con muchos detalles ya que es una historia familiar. Cuando mamá supo que estaba embarazada de Rocío y de mí, también fue ahí donde te dio la noticia. Ese lugar siempre significó mucho para ustedes y también para nosotros, todas las primaveras la pasamos en ese parque, lugar que aprendimos a amar.

En su aniversario N° 50, quisieron hacer algo muy especial, así que decidieron encontrarse en el Parque de la Flores e ir vestidos igual que el momento en que le pediste matrimonio. Era muy buena la idea. Rocío acompaño a mamá y salieron desde su casa al encuentro.

La hora indicada, era a las 18:00 horas. Tú y yo salimos desde acá, yo estaba encargado de grabarlo todo, es que ese momento tenía que ser algo que recordaríamos para siempre, era importante 50 años de amor y matrimonio.

Llegamos a las 18 menos 10, estabas muy nervioso, tanto como si fuera esa la primera vez que lo harías. Estuvimos esperando mucho rato y no llegaban. Después de los primeros 15 minutos nos empezamos a preocupar y empecé a llamar a Rocío incansablemente, pero no respondía el teléfono y nos empezamos a preocupar aún más. La hora iba pasando muy rápidamente y no sabíamos nada de mamá y de Rocío.

Decidimos ir a casa de mi hermana para verificar que estuvieran allá. En el trayecto, vimos pasar ambulancias y policías en dirección contraria a la que llevamos nosotros, pero con la preocupación que teníamos por ellas no le dimos mayor importancia.

Al llegar a casa de mi hermana, nos dice una vecina que mamá y Rocío habían salido, cuando suena mi celular, era un número desconocido y decido contestar:

  • Buenas tardes, ¿con don Mauricio Guajardo?
  • Sí, dígame.
  • Necesitamos que concurra en forma inmediata al Hospital Central, tenemos en muy malas condiciones a Rocío Guajardo y a doña Leonor Sánchez que está en riesgo vital.
  • Voy de inmediato, gracias.

Nos dirigimos muy rápidamente al hospital y nos indicaron que tanto mamá como Rocío estaban en cirugía así que deberíamos de esperar.

La espera fue eterna, yo veía en tu cara mucha desesperación, lo que sería una celebración se transformó en una tragedia, recuerdo que me dijiste que irías a la capilla del hospital lo que a mí me causó mucha extrañeza, ya que nunca nos acompañaste a misa, pero creo que por primera vez necesitaste hacerlo.

Después de tres horas tuvimos buenas noticias de Rocío, salió de peligro, aunque aún muy delicada de salud y la tuvieron en constante observación.

La policía pidió hablar contigo, ya que necesitaba informarte de algunas cosas con respecto al accidente que había ocurrido. Ahí nos contaron que un tipo que estaba muy ebrio y que conducía en ese estado, se pasó la señalética de PARE e impactó el lado del acompañante a exceso de velocidad, colisionando con el auto de mi hermana y dando un golpe directo a la puerta donde estaba mamá. El equipo de rescate tuvo que realizar muchas maniobras para poder sacarla del auto.

Tú estabas desesperado por lo ocurrido, por primera vez en mi vida te vi llorar y repetir muchas veces "prometí cuidarla y no lo hice"

Lo que hasta ahora me cuenta Mauricio no lo puedo recordar, pero siento una rara sensación de angustia.

  • Por favor Mauricio continúa.

Mamá estuvo en el quirófano por más de 5 horas. Cuando salieron los médicos nos llamaron a una sala contigua y nos pidieron que tuviéramos fortaleza, ya que en la operación mamá había fallecido por un paro cardiorrespiratorio.

Recuerdo muy bien la expresión de tu cara, fue como si te hubieran sacado un pulmón, no podías respirar y volviste a repetir la misma frase "prometí cuidarla y no lo hice".

Pasaron los días y después del funeral de mamá, nunca volviste a ser el mismo, ahí empezaron tus problemas, primero pensamos que era sólo una etapa de negación a la muerte de mamá, pero cada vez fue peor, salías a caminar y siempre alguien nos llamaba para decirnos que estabas perdido y siempre en el mismo lugar... el Parque de la Flores.

Al mes de la muerte de mamá dieron de alta a Rocío, tuvimos que cuidarla mucho, ya que tuvo muchas fracturas y en varias partes del cuerpo, nos vimos obligados a vivir nuevamente todos aquí en esta casa. Me mude con Julieta quién me ayudó con Rocío, porque ella como mujer podía hacer cosas que ni tú y yo podíamos.

Así pasaron los meses, felizmente Rocío comenzó a recuperarse de todas sus heridas físicas, pero no las del alma y corazón, por lo que tuvimos que enviarla a un tratamiento psicológico, porque se culpaba de la muerte de mamá.

Decidimos con Rocío llevarte a ver médico, ya que un día saliste a las 2 de la madrugada a buscar a mamá, decías que te estaba esperando en el parque, estuvimos casi toda la noche hasta que te encontramos en el mismo banco de siempre.

Además de alucinar con un tiempo pasado y en momentos pensar que yo era tu padre y Rocío tu madre, empezaste a olvidar cosas. Muchas veces tuvimos que calmarte mostrándote las fotos para que creyeras que no te estábamos asaltando. Fue ahí cuando el médico después de algunos estudios determinó que tenías esta enfermedad.

A casi un año de la muerte de mamá, Rocío no pudo soportar la culpa y verte a ti así. Ella decía que tu enfermedad comenzó con la muerte de mamá y todo era su culpa. Muchas veces tuvo crisis en la que tuvimos que darle medicamentos para tranquilizarla, pero sus crisis psicológicas cada vez avanzaba más, hasta que un día cuando llegamos de hacer las compras...

Mauricio rompió en llanto, la historia que me cuenta me duele mucho, a pesar que no recuerdo nada puedo sentir la pena y el dolor. Quisiera recordar, aunque sea algo de lo que me está contando.

  • ¿Y qué pasó Mauricio? ¡Por favor, cuéntame!

La encontramos muerta, por sobredosis de fármacos, ese día recuerdo que no lloraste y te desconectaste totalmente del mundo, desde ese día en adelante, a veces vuelves por 7 u 8 horas, pero luego te desconectas nuevamente y empieza una historia nueva para ti, ha habido ocasiones que no vuelves por meses, este último año sólo te he tenido una sola vez, a veces pienso que nunca más volverás.

Mauricio lamento mucho tu dolor, a pesar que no recuerdo nada, sé que no la has pasado bien, has pedido a toda tu familia, primero a tu madre, luego perdiste a tu hermana, me perdiste a mí y finalmente a tu esposa, a pesar que yo estoy acá igualmente no me tienes y cada vez soy más desconocido para ti.

No lo digas papá, eres lo único que me queda, sí tan solo recordaras algo del pasado, me gustaría que recordaras cuando me enseñaste a montar en bicicleta, estuvimos todo el día intentando hacerlo, hasta que por fin pude, a pesar de las caídas siempre me alentaste a seguir intentándolo.

Recuerdo cuando estaba estudiando en la universidad, muchas noches me preparaste café y me acompañaste para que no me quedara dormido estudiando y siempre alentando a perseguir mis sueños, a nunca darme por vencido.

También recuerdo cuando fuimos de vacaciones a la playa, me acuerdo que llegamos a pasar 10 días en carpa, ahí me enseñaste a pescar. Fueron tan divertidas esas vacaciones que espero jamás olvidarlas. Mi hermana y yo tuvimos una infancia muy feliz y llena de amor.

En ese momento como un rayo se me vienen todos los recuerdos a mi mente, recordé esas vacaciones, con eso también vuelve el dolor, las penas y el sufrimiento por la pérdida de mis amores.

  • Mauricio, te quiero decir que te amo hijo y te quiero agradecer todo lo que haces por mí, lamento haberte dejado solo con todo esto, sé que también sufres por todo lo pasado y por lo que sigues pasando.
  • ¿Papá? ¿Volviste?
  • ¡Sí hijo! Se me vino todo de golpe. ¡Gracias te amo hijo!

Nos fundimos en un abrazo enorme, lloramos como hombres de la pura emoción y Mauricio me dice:

  • Te extrañe tanto papá, no sabes la falta que me haces.
  • Yo sólo te puedo decir que te amo y que agradezco todo lo que haces por mí, muchas gracias hijo.

En ese momento Mauricio me mira de la misma forma que me miraba cuando era pequeño, con los ojos llenos de lágrimas, pero no de pena sino que de emoción, en su rostro se ve la nostalgia de no estar junto a mí.

  • Papá sólo espero que esta vez dure más tiempo
  • ¿Qué cosa? ¿Quién es usted?

Qué extraño, no sé dónde estoy y este joven que está llorando frente a mí, me pregunto ¿Quién será?