Un Puesto Vacío

11.03.2019

Sentado en mi puesto de la mesa, hago un alto en mi mente. Veo a toda mi familia nuevamente reunida, han pasado tantos años, desde que no estábamos así.

La alegría invade mi corazón cuando Consuelo, mi hermana menor, recordó que dejamos encerrada a la tía Virginia en el baño, me da mucha risa, pero no es por la travesura (aunque fue muy chistoso cuando pedía ayuda) sino por la complicidad que teníamos con mi hermana, mi compañera de juegos y travesuras.

Veo a mi vieja que como siempre está en la cocina preparando algo rico para nosotros. Hoy logro entender que su mayor muestra de amor es atender a su familia, hacernos feliz en torno a la mesa.

También en la misma posición que ocupó siempre en la mesa, está el pequeño Rodrigo, que de pequeño no tiene nada, salió el más alto de todos a pesar de ser el menor.

Sofía la mayor de todos, está sentada en la cabecera, me da mucha risa porque siempre fue la más seria de todos, pero ahora es ella quien está alegrando la comida, me sorprende verla así, pero también me alegra, ya que se ve feliz y con mucha energías positivas.

Sólo queda un puesto vacío, el que ocupaba mi viejo. ¡Cómo te extraño aún! Han pasado 10 años y todavía me hace falta conversar contigo. Hoy le contaría que fui yo quien abrió la jaula de los conejos. Recuerdo un día que se levantó y fue a darles el alimento y no estaban. Estuvo casi todo el día tratando de encontrarlos, incluso pensó que Don José nuestro vecino se los había robado. Desde entonces nunca más volvió a tomarse una cerveza los domingos por la tarde con él. Pero igualmente cada domingos pegados a la radio escuchaban corridos mexicanos, lo más cómico, es que lo hacían cada uno por su lado, sin la cerveza y en completo silencio, creo que a pesar de estar enojados igualmente quisieron estar siempre uno al lado del otro.

También te diría que tu consejo me ha servido hasta ahora. No sé si para ti fue tan importante lo que me dijiste, pero a mí me marcó la vida para siempre y me hace ser lo que soy ahora. Aún me hace falta conversar contigo papá. Después de tu partida la cosa no fue fácil, pero con el amor que nos da mamá y con lo que tú nos enseñaste sobre el amor de familia, hemos podido estar unidos.

Hoy después de 10 años, al fin estamos todos juntos en la mesa, recordando anécdotas y riéndonos mucho. Con Consuelo que siempre fue mi compinche, le hicimos creer al pequeño Rodrigo que si comía suficiente miel, vendría Winnie The Pooh a jugar con él. Nos olvidamos de lo que le habíamos dicho y un día tu papá lo tuviste que bajar de un árbol, se había subido a bajar miel del panal; con Consuelo nos miramos y rogamos que Rodrigo no hablara, pero lo hizo y la tunda que nos dio mamá aún no se nos olvida.

Sofía también fue blanco de nuestras bromas, me acuerdo que le quitamos unos palos a la cama y cuando se fue a acostar quedó hundida con colchón y todo, Consuelo y yo no parábamos de reír, la pobre Sofía pedía ayuda, Consuelo y yo casi llorando y con dolor en la panza de tanto reír, pero nos duró hasta que entró mamá a la habitación y nuestras caras cambiaron en fracción de segundo de risa a terror, esa oportunidad estuvimos una semana entera castigados... acostándonos a las 4 de la tarde.

Tuve la mejor infancia que un niño pudo tener, fui feliz y tuve el amor de mi familia, espero que no tengan que pasar 10 años más para volver a reunirnos todos nuevamente o esperar que se vaya de este mundo mi vieja querida, ya que hoy he vuelto nuevamente a mi infancia, he vuelto a mi casa con los míos, he vuelto a la época más hermosa de mi vida.