Solicitud Aceptada

09.09.2019

Hoy después de 15 años que no estamos juntos me acordé de ella... ¡Así de la nada! Estaba concentrado en mi trabajo, cuando de repente miro el calendario y veo que hoy es 3 de febrero. Los recuerdos comenzaron a llegar como misiles en plena invasión de guerra. Esa fue la fecha en que nos dijimos adiós para siempre.

Todavía no sé por qué motivo después de tanto tiempo vuelve a mi mente y me pregunto ¿Qué será de su vida? ¿Pudo viajar como tanto deseabas? ¿Será la misma que conocí?

Lo primero que hice fue buscarla en Facebook y ahí estaba. Es primera vez que te busco y a pesar de los años que ya pasaron la veo igual que antes. Miro sus fotos y publicaciones, puedo ver que ya es madre de un niño adolescente, pero no veo ninguna foto de tus viajes ¿Habrá realizado alguno? Ese fue el motivo de nuestra separación. Quería ser libre y una relación ese momento solo la ataría a un lugar. En cambio veo un montón de fotos con un niño y me pregunto ¿será su hijo? Eso me deja perplejo, porque siempre dijo que no quería ser madre.

En algunas de las fotos la veo sonreír, pero no es la sonrisa que me cautivó, es una sonrisa apagada, una sonrisa sin felicidad, eso hace que me de mucha tristeza, siempre quise que fuera feliz.

Puedo deducir que está sola, tal vez me equivoque, pero sus estados me dicen algo distinto, se deja entrever que ha sufrido y eso hace que mi corazón se me recoja de la tristeza.

Me gustaría conversar con ella, solo para saber cómo está, quisiera saber si está bien. Como un acto reflejo y sin pensarlo mucho hice clic en el botón de agregar a amigos. Después de hacerlo mi mente me comenzó a decir que no fue una buena idea y que quitara la solicitud, pero mis ganas de saber de ella fueron más fuertes.

Cuando salí por la tarde del trabajo y ya en camino a casa, recibo una notificación de Facebook en mi celular que me dice "Gabriela Santibáñez Garcia Aceptó tu solicitud de amistad"

Me comenzaron a temblar las manos, sentí un frío en todo el cuerpo, a pesar de todo este tiempo que ha pasado, sentí mariposas en el estómago... ¡esto es muy raro!

Cuando llegue a casa, me metí a la ducha de inmediato, este verano ha estado particularmente caluroso. Cuando salgo me voy al refrigerador saqué una cerveza, me siento en el living y prendo el televisor, cuando siento una notificación en mi teléfono. Lo miro y es una notificación de Messenger y es Gabriela que dice:

  • Hola!!!

Las mariposas volvieron a mi estomago, es como si el tiempo no hubiera pasado jamás. En nuestra época juntos no había Facebook, pero me acuerdo cuando sonaba el teléfono de casa y era ella, se me revoluciona todo, igual que ahora.

  • Hola Gabriela, tanto tiempo.
  • ¡Sí!, Qué alegría.

Quedé con la boca abierta al ver su respuesta, no esperaba que le diera alegría.

  • Sí, para mí también.
  • Muchas veces te busqué en Facebook, pero nunca te pude encontrar.

Eso es cierto, ya que tengo mi perfil oculto, pero igual me sorprende que me buscara.

  • Daniel, aprovechando que nos comunicamos quisiera saber si pudiéramos reunirnos. Hay algo que quiero conversar contigo, pero debe ser en persona ¿se puede?

¡Se me revolvió todo!...el estómago...la mente...el corazón.

  • ¡Sí! ¡Claro! Yo aún vivo en el mismo lugar. Tú dirás.
  • ¿Te parece que nos veamos este sábado?
  • Sí, me avisas la hora y yo te espero.
  • Bueno, nos vemos el sábado.

Creo que leí unas mil veces la conversación. ¡Las sensaciones que sentí! ¡No me esperaba esto!

Cuando llegó el sábado, aproveche de limpiar un poco, yo creo que fue para que el día se me pesara rápido, estaba muy ansioso y un poco intrigado por saber qué es lo que quiere hablar conmigo, sobre todo después de tanto tiempo, cuando me llega una notificación:

  • Vamos en camino ¿estás en casa?
  • Sí, te estoy esperando.

Me llamó la atención cuando leo mejor y dice "vamos" ¿Quiénes? ¡Yo pensé que vendría sola! ¡Ahora si estoy más intrigado!

Creo fueron los 20 minutos más largos de mi vida. ¡Estaba tan ansioso! Cuando tocan la puerta y... ¡ahí está! ¡Tan linda como siempre! Yo sigo viéndola igual que antes y viene del brazo del muchacho de las fotos.

Los invito a pasar, nos fundimos en un abrazo muy apretado, uno de esos abrazos con nostalgia, un abrazo de anhelo, un abrazo de esos de amor.

Los invité a sentarse y ella me dice:

  • ¡Esta casa está igual como la recordaba! ¡Después de 15 años! Todo sigue estando igual.

Yo solo la miraba, no dije nada, no podía creer de tenerla nuevamente aquí y me dice:

  • Daniel, te presento a mi hijo.

Le estrecho la mano y le pregunto:

  • ¡Hola! ¿Cuál es tu nombre?
  • ¡Hola! Mi nombre es como el tuyo, soy Daniel.

Quedé en una pieza ¿Por qué Gabriela le puso mi nombre a su hijo? Y miré con cara de pregunta a Gabriela y ella me dice:

  • Daniel, espero que no te enojes, pero Daniel es nuestro hijo.

Yo no salía de mi asombro. Sin decir ni una sola palabra, los miraba a ella y a él, porque no era capaz de entender y procesar la noticia y ella nuevamente me dice:

  • ¡Daniel! ¡Te pido perdón por no decírtelo antes! Pero después de mucho tiempo que Danielito me insistiera en que quería conocer a su padre, tuve que decirle la verdad y también a ti. Creo que me equivoqué, en no decírtelo en su momento, pero creí que no me creerías y estarías molesto conmigo por como todo terminó.
  • ¡Pero Gabriela! ¡No sé qué decir! ¡Esto me toma por completa sorpresa!
  • ¡Lo sé! Pero tenías que saber la verdad. Solo te pido perdón por no decírtelo antes.

A Daniel, que ahora me entero que es mi hijo, lo miré a los ojos. Pude ver su emoción y alegría y sin mediar palabra me puse de pie junto a él, lo abracé y le dije:

  • Daniel espero ser un buen padre para ti.

Él no me dijo nada, solo me abrazó. Pude sentir la necesidad de cariño y muy suavemente y casi inaudible que le escuche decir:

  • ¡Te amo papá!