Ser Distinto Mata

23.04.2019

Hola mi nombre es Renato, tengo 24 años y voy a contarles mi historia, la historia de mi vida.

Desde pequeño siempre supe que yo era distinto, siempre supe que no era igual a los otros niños. Nunca tuve los mismos gustos que los otros muchachos de mi edad. Nunca me atrajo el gusto por el fútbol, en cambio disfrutaba mucho viendo programas del cable de maquillaje y cocina. Algo en mi corazón me decía que yo era distinto. Nunca me gustaron los juegos de mis compañeritos, siempre los encontré muy bruscos.

A medida que fui creciendo y sobre todo en la adolescencia, empecé a experimentar cosas extrañas para un niño. Las hormonas se me revolucionaron viendo a los muchachos. En mis adentros me sentía muy confundido, porque sabía que no era la conducta que debía tener un hombre, pero mi naturaleza decía otra cosa.

Una noche de verano, fui al cumpleaños de una amiga que cumplía los 15 años y fue justo ahí en que comencé a descubrir mi verdadera identidad. Al principio me sentía muy mal y trataba de convencerme de que yo tenía un problema, que no era normal, que no era posible que sintiera esas cosas por los hombres. Veía a los muchachos en la fiesta de la Maria José, mi amiga, y me atraían mucho. La forma de caminar, la forma de bailar, los labios y me daban ganas de besarlos, pero me contuve y traté de mantener la compostura. No sé si fue el ambiente, las luces o simplemente mi interior que me hacía tener imágenes en mi cabeza de los muchachos que estaban en aquella fiesta. No sé si disfrute de la fiesta o estaba sufriendo por reprimir tan fuertemente lo que sentía, lo que deseaba, lo que mi cuerpo me pedía.

Unos días después de esa fiesta hable con Florencia, que pensé que era mi amiga, de lo que me estaba pasando y ella me dice que era gay y así sin considerar más nada y por la forma que me lo dijo, me dejó con una mezcla extraña de sensaciones, porque en el fondo de mi corazón lo creía y por otra parte sólo pensé en papá y mamá. A ellos siempre los escuché hablar mal de las personas de esta condición ¡mi condición! Decían que es una aberración y que debería ser castigada por Dios.

Yo desde que empecé a estudiar ingresé a un colegio Católico, donde siempre nos entregaron doctrinas en las que están en contra del homosexualismo y en los beneficios de la familia y eso me torturaba mucho. ¡Necesitaba ayuda! ¡Necesitaba que no fuera cierta mi condición! pero parece que entre más quería que fuera distinto, mis deseos me traicionaban más y más.

Intenté probar tener novia. No niego que la pasé muy bien, porque fue como tener una mejor amiga, hasta que llegaba la hora de los besos, no me gustaba mucho. Muchas veces sentí que la traicionaba y lo peor es que me estaba traicionado a mí mismo y traicionaba mis deseos.

Florencia fue quien difundió la noticia por todas partes, eso me dio tanta rabia, ella no tenía derecho a hacerlo, a partir de ese momento mi vida cambió para siempre.

Mis amigos y amigas se alejaron de mí como si yo tuviera una peste o una grave enfermedad, me quedé solo. Lo que más me dolía era que nadie se dio el trabajo de preguntarme, sólo hicieron verdad lo que dijo Florencia. Ahí entendí que ser distinto no sería fácil.

Con mucha valentía hable con mis padres. Les juro que fue muy difícil encontrar el momento justo, el momento exacto, pero un día me armé de valor y en la cena hablé con ellos, les dije que sentía cosas especiales por los hombres. Que me sentía que estaba en el cuerpo incorrecto, que tenía fantasías con besar a otros.

Mi padre dejó de comer en ese momento, se levantó de la mesa y se fue a su habitación en completo silencio, no me dijo absolutamente nada. Mamá hizo como que nada había pasado, como si lo que dije sólo lo había pensado. Esa no fue la reacción que esperaba de ellos.

Al pasar de los días el rumor se hizo más y más grande, hasta que un día me llamaron de la rectoría del colegio para decirme que estaba expulsado por conductas impropias, conductas que no eran propias de un alumno de su colegio. Recuerdo que ese día mi madre no dijo absolutamente nada, no me defendió, además hasta ese momento aún no había hecho o dicho nada, eso causó mucho dolor en mí.

Cada día sentía que me quedaba más solo, sin nadie a quien contarles mis preocupaciones, contarle lo que sentía, llegue a pensar que todos estaban en lo correcto y que yo tenía problemas mentales o peor aún pensaba que era una especie de demonio.

Mi padre nunca más me dirigió la palabra, nunca más habló conmigo. Creo que se siente decepcionado de mí, de su hijo. Mi madre no me dejó de hablar, pero empezó a traer a un sacerdote a casa para que fuera mi consejero, también me llevó un psicólogo.

En una de las sesiones con el psicólogo, me dijo que lo mío era sólo una confusión de la edad, que era normal que a los muchachos de mi edad tuvieran un problema con la identidad sexual, pero con el tiempo pasaría.

Me cambiaron de colegio a uno mixto, para que comenzara a interactuar con las mujeres. Ahí comencé a hacer nuevos amigos, pero mi mente y mi cuerpo sentían los mismo que antes, mis deseos nunca cambiaron.

Un día una chica de mi nuevo colegio trató de besarme en pleno patio del colegio y yo me negué. Ella muy enojada e indignada me grito muy fuertemente ¡maricón! y que eso se lo iba a pagar porque nadie la rechaza. Lo peor de todo es que no quedó ahí, porque a la salida del colegio de ese día, unos muchachos me golpearon y me decían que era maricón, que era una niña y por eso que me iban a hacer hombre.

La recuperación de la golpiza duró dos meses. Me quebraron una costilla, casi pierdo el ojo derecho, el rostro lo tuve hinchado casi tres semanas y a pesar que me dolía todo el cuerpo, lo que más me dolía era el corazón y me preguntaba ¿Por qué era distinto? ¿Por qué yo? ¿Por qué no puedo ser normal como los otros chicos?

Tuve que dejar el colegio, nunca lo pude terminar. En casa era ignorado. Mi madre lloraba constantemente. Mi padre me evitaba y cuando no podía evitar verme, simplemente no me hablaba. Estaba solo, me sentía completamente solo en el mundo.

El rechazo que provocaba a mi entorno me tenía muy triste, no quería hacerlos sufrir, no quería que se avergonzaran de mí, así que un día decidí irme de casa. Quería liberar a mi familia de esto, esto que los hace sufrir, pero también quería ser yo, quería liberar mi espíritu, liberar mis deseos.

Al principio fue muy duro, nadie me daba trabajo por no haber terminado mis estudios, además no era mucho lo que sabía hacer. Hasta que conocí a Estrella, una mujer transexual. Ella me acobijo y de cierta manera fue como mi hada madrina. Estrella me insertó en el mundo gay, mundo en donde al fin me sentía que pertenecía, mundo en donde nadie le extrañaba mi condición porque éramos todos y todas iguales.

En este mundo conocí a mi primer amante Manuel. Un hombre 5 años mayor que yo. Con él tuve la primera experiencia homosexual, él fue quien me enseñó mucho. Al principio lo amé y creí estar enamorado profundamente, pero a los 6 meses de estar juntos me dejó. Él no quería nada serio, porque él era un hipócrita. El jamás dejaría su vida "perfecta" por mí, estaba casado y tenía un hijo. Me rompió el corazón...me hizo sufrir mucho.

Estando inmerso en este mundo vi e hice muchas cosas, conocí a muchas personas con las que sí podía hablar y dar rienda suelta a mis mayores anhelos y fantasías sin el temor de ser juzgado.

Después de estar tres años sin saber nada de mi familia intenté hacer un acercamiento, pero eso no nunca fue posible, ya que nadie quería saber nada de mi nueva vida, creo que de cierta manera les era conveniente olvidarse de mí.

A pesar de estar en un mundo donde puedo ser el verdadero yo, el resto del mundo aún no está preparado para convivir con nosotros. No entienden que somos personas que amamos, que sentimos, que anhelamos cosas y que también queremos una familia. Una familia distinta pero familia al fin y al cabo.

Si estás leyendo esta historia, la historia de mi vida, lo lees porque he decidido poner fin a este sufrimiento, estoy poniendo fin a esta vida que no me quiere por ser distinto. No quiero estar en un mundo donde no pueda libremente ser yo. Tener que esconderse, esconder mis deseos y vivir en la clandestinidad.

Hoy me libero de los estigmas, me libero de la vergüenza, me libero de este mundo cruel que sólo me hizo daño por ser diferente.