Pablo en la Luna

26.03.2019

¡Al fin es sábado! Podré salir a jugar con mis amigos. Esta semana la maestra nos tuvo muy ocupados con muchas tareas y casi no tuve tiempo para jugar.

  • Buenos días Pablo ¿vas a desayunar?
  • ¡Hola mamá! ¡Sí! ¡Tengo mucha hambre!
  • Levántate y baja a la cocina, te preparé huevos a la copa.
  • ¡Mmm que rico mamá! ¡Me encantan como te quedan!

Me levanto de la cama y me visto rápidamente. Tengo mucha hambre y esos huevos que prepara mi mamá son exquisitos.

  • ¡Hola papá! ¿Cómo amaneció?
  • ¡Muy bien Pablito! ¡Qué alegría verte! ¡Creo que no te veo desde el domingo pasado!

  • ¡Sí! ¡Para mí también! Esta semana no nos vimos, espero que pronto tengas tiempo para que podamos jugar juntos.
  • Toma Pablo, aquí está tu desayuno.
  • ¡Gracias mamá!

Escucho en la televisión a un señor está diciendo que encontraron un sector nuevo en la Luna y me pregunto: ¿Cómo será la Luna? ¿Hará mucho frío? ¿Cómo serán las personas que viven ahí? ¿Tendrán antenas? ¿Serán de piel verde?, pero sigo comiendo mi desayuno.

Suena el teléfono, mi mamá contesta. Es la mamá de Martín, mi mejor amigo en todo el mundo. Le pregunta si puede dejar a Martin por un par de horas ya que ella va ir al salón de belleza y no lo puede llevar, a lo que mi mamá responde que no tiene ningún problema en que se quede.

Estoy en mi habitación con mis juguetes esparcidos en el suelo, todavía no me decido por uno, cuando suena el timbre de mi casa y digo: ¡Ese debe ser Martín!

  • ¡Hola Pablo! ¿Cómo estás?
  • ¡Bien Martin! ¿Y tú?
  • ¡Muy bien! Qué bueno que tu mamá dejara que viniera. Yo estaba muy aburrido en casa y mi mamá va al salón de belleza y eso me aburre mas, siempre me dice que no puedo tomar esto o aquello y la verdad no me gusta estar sentado sin hacer nada.
  • Martin, ¿te puedo hacer una pregunta?
  • Claro, dime.
  • ¿Tú sabes cómo es la Luna?
  • No, pero me da mucha curiosidad por saber sí las personas que viven en la Luna tienen antenas en la cabeza.
  • A mí también.

En eso miro a mi amigo y él también me mira y le digo:

  • Martín ¿Y si construimos una nave para ir a la Luna?
  • ¡Sí me encantaría!... ¿Pero cómo lo haremos?
  • ¡Tengo una idea!

Mi mamá tiene una máquina de coser vieja guardada en la bodega del patio. He visto cómo funciona, podríamos utilizarla. Tiene un pedal que se mueve y con eso moveríamos la hélice, para los asientos podríamos desarmar mi triciclo; hace mucho que no lo ocupo, me lo regalaron cuando tenía 4 años, pero ya no lo uso y el otro lo podríamos fabricar con la silla que está en el comedor.

Martin me queda mirando y me dice:

  • Pablo, pero tenemos un problema.
  • ¿Cuál?
  • No tenemos trajes espaciales.

Lo pienso y creo que tiene razón. Me pongo a pensar que haremos con los trajes y me acuerdo que mi hermana tiene un casco de bicicleta que nos podría servir. Yo he visto que los trajes son muy brillantes y mi mamá en la cocina tiene un papel que siempre envuelve mi colación. Creo que ya he resuelto el problema de los trajes y se lo cuento a Martín.

  • Pablo yo no tengo chaqueta ¿y qué tal si hace frío?
  • No te preocupes por eso, yo te presto una de las mías.
  • Tendremos que llevar comida ¿tienes cereales?
  • Sí, voy a sacar un pote con tapa para que no se caigan en el viaje.

Nos vamos al patio para poner en marcha nuestro plan de ir a la Luna, tenemos la nave, los trajes y comida... ¡esto no puede fallar!

  • Pablo ¿Cuándo volveremos? Mira que mi mamá cuando venga a buscarme debemos estar de vuelta.
  • No te preocupes, alcanzaremos a volver.

Sacamos la máquina y ahí viene el primer problema, la rueda que se mueve con el pedal está en el costado y no sabemos cómo dejarla arriba y Martín me dice:

  • ¿Y si lo hacemos como los aviones que tienen la hélice al frente?
  • ¡Sí! ¡Qué buena idea!, pero entonces debemos cambiar la posición de los asientos.

Al sacar mi triciclo, trato de sacar el asiento pero tiene unos tornillos, vamos a buscar las herramientas de mi papá y trato de buscar alguna que me sirva para sacarlos y Martín me dice:

  • Pablo, encontré un Martillo, podría servirnos.
  • ¡Sí! ¡Qué buena idea!

El plan de sacar el asiento con el martillo, no salió del todo bien; se rompió un poquito, pero no por eso no vamos a viajar.

Ya tenemos casi lista la nave, ahora sólo falta terminar los trajes espaciales, pero todavía me falta un casco. Así que sacó el balde que están los perros de la ropa, me lo pruebo y la verdad es que me calza justo en la cabeza.

Entro a la casa, sacó los cereales, llego doble ración por si nos demoramos más en el viaje y nos podría dar mucha hambre.

  • Pablo
  • ¿Qué?
  • Tengo miedo.
  • ¿De qué tienes miedo Martin?
  • ¿Si no regresamos nunca de la Luna?...jamás volveré a ver a mi mamá.
  • Tranquilo, te aseguro que pronto estaremos de vuelta.

Ya instalados en la nave, comienza el conteo, pero tenemos otro problema, ni Martin ni yo nos sabemos los números hacia atrás, así que tomamos la decisión de sólo contar hasta 5. Comienza el conteo para el despegue 1... 2... 3... 5...

  • No, Pablo te equivocaste.
  • ¿Por qué?
  • Te faltó el 4.
  • ¡Ay! ¡sí!...tienes razón, comenzaré de nuevo.

1... 2... 3... 4... 5... ¡despegue!

Empezamos a mover el pedal a toda máquina y digo:

  • ¡Martin! ¡Perdemos potencia! ¡Debemos pedalear más fuerte!
  • ¡Pablo!...!Yo ya estoy cansado! y ¡tengo sed!
  • ¡Martin! ¡cuando lleguemos a la Luna tomaremos agua!
  • ¡Pero Pablo! ¡sólo trajimos cereales! ¡no agua!

Martín tenía razón, me olvidé de ese detalle, pero les pediremos agua a las personas de la Luna o algún jugo. Seguro ellos tendrán.

  • Pablo, ya estoy muy cansado y todavía no llegamos.
  • Martin, sólo un esfuerzo más y te aseguro que pronto estaremos ahí.

Después de unos minutos estar pedaleando por fin llegamos a la Luna.

  • ¡Mira Martin! ¡Somos los primeros niños de 7 años en llegar a la Luna!
  • Pablo, todavía estamos en el patio de tu casa y tengo mucha sed.
  • ¡Si antes eras mi mejor amigo en el mundo! ¡ahora eres mi mejor amigo en todo el universo!
  • ¡Ay! ¡Pablo! yo estoy muy cansado y tengo sed, además con el traje tengo mucho calor.
  • ¡No te preocupes! yo iré a buscar agua, me enfrentaré a las personas de la Luna para conseguirla sino me la quieren dar... ¡aquí vooooooy!

Ya estoy en la Luna. Pensé que haría frío, pero no, este lugar es muy distinto a lo que me imaginé, se parece mucho a la tierra.

Estoy caminando buscando a las personas que viven en la Luna, busco entre los árboles y no encuentro nada, voy a seguir buscando, debo salvar a Martín o sino morirá de sed en la Luna. Esto es muy extraño no veo a nadie.

A lo lejos logro ver una figura ¡parece que es una niña! iré rápidamente para hablar con ella. Entre más me acerco, logro ver que tiene antenas en la cabeza ¡es increíble! Esto debo contárselo a Martín.

  • Hola persona de la Luna, mi nombre es Pablo y necesitamos agua.
  • ¡Pablo! ¿Qué dices?

Qué extraño, la persona de la Luna no me entiende ¿Qué idioma hablarán?

  • Yo ser Paaablooo.
  • Ya lo sé pesado.

¡Oh qué increíble! Ya sabe mi nombre ¿pero cómo lo supo? ¿Tendrán el poder de leer la mente?

  • ¡Pablo! Estoy buscando mi casco y no lo encuentro, ¿tú sabes dónde está? Y ¿Qué haces con ese balde en la cabeza? ¿Y ese papel enrollado en el cuerpo?

Yo creo que puede leer la mente por las antenas que tiene en la cabeza.

  • Pablo, ¿no me entiendes acaso?
  • Sí yo entender a ti.
  • Entonces dime sí viste o no mi casco.

¡Rayos! ¡Quizás comience una guerra interplanetaria por el casco! Espero que no encuentren a Martin, o si no ¡se lo comerán!

  • Pablo, le voy a decir a mamá que estás muy extraño.

La niña que vive en la Luna se aleja muy enojada, pero no me dijo donde conseguir agua, tendré que seguir explorando.

Entro muy silenciosamente a la cueva de la gente de la Luna. Abro el refrigerador y ¡bingo! encuentro agua y jugos, ¡sabía que podría conseguirlo! Escucho que se acercan más personas de la Luna, me escondo muy bien para que no me logren encontrar con el botín.

  • Toma Martin, pude conseguir agua y jugo.
  • Gracias Pablo, ya me moría de la sed ¿Cuándo nos sacaremos los trajes, tengo mucho calor?
  • Calma Martin, cuando lleguemos a la tierra, por ahora debemos preparar el viaje de vuelta.

Le cuento a mi mejor amigo el universo que descubrí; que las personas de la Luna efectivamente tienen antenas en la cabeza y que además son capaces de leer la mente, Martin me mira con cara de no creerme.

  • Bueno Martin, empecemos el conteo para regresar a la tierra, es tu turno.
  • 1 2 3 4 5.
  • ¡No Martin! Con más calma, no tan rápido, para poder preparar bien los motores.
  • Ya no quiero jugar, tengo mucho calor.

Martin, parece que está con alguna locura Lunar, no importa yo tendré que hacerlo, tengo que salvar a Martín de volverse loco en la Luna.

  • 1... 2... 3... 4... 5... ¡Despegue!

Pedaleamos muy rápido, la verdad es que, el que más pedaleaba era yo, porque Martín parece que todavía está afectado con la locura Lunar.

  • ¡Te dije Martin! que llegaríamos antes de que tu mamá llegara.
  • ¿Pablo y nos podemos sacar los trajes?
  • Si Martin, ya hemos llegado a la tierra.

Me gustó mucho este viaje, creo que con más tiempo podré explorar ese lugar nuevo que encontraron los señores de la televisión.

  • ¡Pabloooooo! ¿Qué es este desastre?
  • Mamá, acabo de volver de la Luna, fue un viaje maravilloso.
  • ¡Pero Pablo! ¿Qué hiciste? Mira todo este desorden. ¿Qué haces envuelto en ese papel?
  • ¡Mamá con este papel hice mi traje espacial!
  • Y ¿Por qué rompiste el triciclo?
  • Mamita, necesitaba un asiento para mi nave espacial.
  • Pablo, entra a la casa, báñate y después vamos a hablar muy seriamente.

Parece que mi mamá se enojó, pero seguro que al contarle mi aventura se pondrá muy feliz.