Nuestra Escena

20.01.2020

Muchas veces la vida nos da la oportunidad de comenzar todo de nuevo, dejar la cuenta en cero y partir nuevamente desde el punto de salida, como en los juegos de mesa, pero casi siempre y como regla, los comienzos vienen precedidos de dolor y tristezas, nos reinventamos una y otra vez, cada vez que la vida nos pone de rodillas al suelo, nos ponemos de pie y avanzamos. Yo creo que lo que nos pone de pie siempre, es la motivación de tener a alguien a quien no le podemos fallar.

Este nuevo punto de salida en mi vida no es la excepción, tengo dolor, pena, pero por primera vez estoy experimentando la sensación de soledad, me siento solo, estoy solo.

Acabo de llegar del cementerio, le pedí a los niños que quería estar solo hoy, ellos querían venir a casa a acompañarme, pero les rogué que no, necesito llorarte, quiero hacerlo. Cuando habló Natalia, comenzó a crecer un nudo en mi garganta, apenas me dejaba respirar, ella dijo que le hubiera gustado que conocieras a nuestro nieto o nieta que viene en camino, creo que hubieras sido una abuela muy mal criadora. Cuando fue el turno de Gabriel se me terminó por cerrar garganta, dijo cosas tan lindas tuyas, se acordó cuando tú hiciste ese curso de peluquería y experimentabas con el, ¿te acuerdas que tuvo que usar una gorra casi un mes porque le dejaste un pelón? Cuando fue mi turno, de mi boca no salió ni una sola palabra, no es porque no quisiera decirlas, pero por más que intentaba no pude, creo que esa lágrima a medio contener dijo mucho más.

Estoy sentado en nuestra cama, miro hacia la ventana, veo el soporte de cortina que aún está dañado y casi puedo escucharte reclamar porque no lo he arreglado.

¿Cómo puedo comenzar de nuevo sin ti? Cada vez que tuve que hacerlo eras tú quien me animaba, eras tú quien me daba las fuerzas para hacerlo, siempre fuiste mi motivación, pero ahora qué, que sigue, estoy desorientado, sin ti perdí el faro y todo es oscuridad.

Quería llorar a mares, pero parece que alguien cerró la llave y no puedo, solo contigo podía hacerlo, solo contigo era capaz de abrirme y llora, en vez de llorar comencé a hacer un recorrido de nuestra historia y quise elegir una escena de nuestra vida juntos y creo que elegiría esta, ¿te acuerdas de la primera vez que viajamos juntos? Yo creo que ese viaje fue cuando supe que estaría junto a ti toda la vida, eran como las 12 de la noche, era tardísimo y si no mal recuerdo era un día feriado y después de recorrer casi toda la ciudad buscando una farmacia de turno porque a mi me comenzó a doler una muela ¿lo recuerdas? Estábamos en la fila esperando nuestro turno, cuando me miraste con esa cara de maldad tuya, creo que esa fue la vez que la conocí, y me hiciste ponerme colorado de la vergüenza cuando nos atendió el dependiente de la farmacia por la rendija y tu le pediste crema para los hemorroides, una caja de condones, lubricante, pilas para consolador y una pastilla para el dolor intenso, me acuerdo de la cara del dependiente y la vieja que estaba detrás de nosotros, yo no me lo esperaba, sentí como la cara se me fue poniendo roja como un tomate y tú con esa mirada y sonrisa de traviesa. Creo que ahí comenzó todo, creo que esta historia de 40 años comenzó ahí, justo ahí.

Ahora que estoy solo en nuestra casa, en nuestra cama, teniendo esta conversación contigo o con tu recuerdo, me siento hasta pelotudo en hacerlo, pero creo que me hace sentir mejor, saco tu pijama debajo de la almohada, aún tiene tu aroma, aún te siento, de verdad creo que en cualquier momento entras por la puerta para decirme que "si no arreglo el soporte de la cortina, con esa mirada y sonrisa traviesa, esta noche no habrá postre".