Los Cincuenta y las Sorpresas

29.04.2019

Hace dos semanas fue mi cumpleaños. Cumplí medio siglo y creo que es una edad especial, hay etapas que se van cerrando y se comienza a consolidar la verdadera adultez. Pienso que en esta etapa ya debería estar feliz, pero después de casi 25 años de matrimonio, por primera vez en mi vida me siento así, sin ganas de verla. Creo que el amor ya se fue y solamente nos está quedando la costumbre, parece que llegar a los 50 años me está haciendo pensar y replantear mi vida.

Ya casi no nos hablamos. La veo y siempre está como distraída, ya no tenemos esas conversaciones que teníamos, donde podíamos estar horas hablando de cualquier cosa y nunca aburrirnos, pero ahora todo es distinto, yo con mi trabajo y ella en sus cosas.

Pienso que cuando se fueron los niños se nos fue el amor, parece que lo único que nos sostenía eran los muchachos.

Un día que llegué tarde del salón de pool, Verónica me estaba esperando, eso me sorprendió porque hace años que no lo hace. Siempre que llego, ella está acostada viendo sus programas o durmiendo, pero hoy estaba en la mesa del comedor con un vaso de jugo y un sobre.

Por su cara pensé que se había muerto alguien, se notaba en su rostro que había llorado mucho, me siento junto a ella y le pregunto:

  • ¿Pasó algo?

Sólo me miró y en sus ojos vi que algo le afligía mucho. La conozco y sé que lo que le sucede no es nada bueno, así que volví a insistir.

  • Verónica ¿Pasó algo? Por favor cuéntame.
  • Antonio, estoy embarazada.

La noticia me cayó como un balde de agua fría por la espalda, eso no estaba en mis planes. Los niños ya están grandes, no están en casa, yo recién cumplí 50 años, me estoy perfilando a vivir la última etapa, a consolidar mi vida y ahora que por fin iba a poder hacer cosas que había postergado por mucho tiempo sucede esto y le digo:

  • ¿Estás segura?
  • Este es el tercer examen que me hago.
  • ¿Qué haremos?
  • ¡Qué buena pregunta Antonio! Yo esperaba un poco más de apoyo en esto, no precisamente esa pregunta. Al parecer yo soy, nuevamente, quien tiene que tomar las decisiones.
  • ¿A qué te refieres? ¡Siempre te he apoyado en todo!
  • Antonio, para nadie es un misterio que nosotros no estamos bien. Hace mucho que no hablamos y que vamos de mal en peor.
  • ¡Lo sé! Pero tal vez esta criatura nos haga re florar todo.
  • ¡No seas iluso Antonio! Tú sabes que eso no pasará. ¡Mírame tengo 46 años y tú 50! ¿Qué crees que podría pasar? ¡Ya no tenemos 20 Antonio!
  • ¿Qué propones?
  • ¿Siempre yo debo tomar las decisiones? Ese siempre ha sido el problema entre nosotros, nunca te haces cargo, es ahora donde necesito que tú me ayudes, no que me dejes toda la responsabilidad a mí.
  • No sé qué decir.
  • ¡Como siempre yo sí! Me voy a realizar un aborto. No podemos tener a esta criatura, ya estamos muy viejos para eso, estamos para querer a nietos, no a hijos nuevos.
  • No te apresures en esa decisión, creo que podemos pensarlo mejor.
  • Para mi es una decisión tomada, ya no quiero volver a pasar por criar de nuevo y menos sola, porque yo quiero separarme, ya no aguanto más esta vida.
  • ¡Pero Verónica! ¡cálmate! Seguro que lo solucionaremos, como todo en nuestra vida.
  • ¡Antonio! ¿No me estás escuchando? ¡Ya no quiero ni siquiera vivir junto a ti!
  • ¡Pero Verónica! No podemos hacer eso ¡Está mal!
  • ¿Tú serás el que hable con los niños y les contarás de esto?
  • No lo sé.
  • ¡Lo sabía! Nunca has enfrentado nada, siempre evades todo, es por eso que ya tomé la decisión de abortar. Mañana a las dos de la tarde tengo una cita con el médico para ver los detalles de cómo lo haré y no te preocupes, que como siempre, ya me hice cargo de la situación. Hasta mañana me voy a dormir, estoy cansada.

Se paró de su silla y caminó rumbo a la habitación. Esta noticia no estaba dentro de las noticias que esperaba recibir, no ahora a esta altura de la vida.

Cuando estoy en la ducha comienzo a pensar en la conversación con Verónica y siento que está cometiendo un error, un error del que nos podemos arrepentir toda la vida. Entiendo sus razones, pero creo que no son suficientes para cometer esa locura.

Cuando salgo de la ducha me acuesto a su lado, siento que aún está llorando, la abrazo. Hace tanto que no lo hago que me pareció hasta extraño y le digo:

  • Verónica, sé que este no es nuestro mejor momento, pero todas las parejas pasan por crisis y tal vez esta es la nuestra. No quiero que hagas lo que estás pensando.

Ella no me dice nada, sólo llora, debe ser producto del embarazo que la tiene más sensible que de costumbre, es ahora donde yo debo actuar y le digo:

  • Amor, sólo espero que seamos buenos padres, yo quiero a esa criatura, es nuestro bebé.
  • Antonio ya estamos viejos. ¡Mírame tengo 46 años! ¡46! y sé que me veré ridícula embarazada a esta edad ¿no lo entiendes?
  • ¡Claro que lo entiendo! Pero también entiendo que somos un matrimonio y como tal debemos estar unidos en esto. Será difícil hablar con los muchachos, pero sé que entenderán y que no tendrán inconvenientes en aceptarlo.
  • Antonio, tengo miedo.

En ese momento Verónica me abraza y llora en mi pecho. Entiendo sus miedos, porque yo también los tengo, pero ya hemos pasado por esto dos veces, así que no será tan difícil.

  • Mañana quiero acompañarte al médico ¿Quieres?
  • Claro que quiero.

Esa noche fue difícil pegar un ojo. Tengo sentimientos bien encontrados, por una parte me gusta la idea de tener a otro hijo, pero por otro lado sé que eso va a postergar para siempre mis sueños.

Al otro día el médico le hace una ecografía al vientre de Verónica y ahí está, como una lenteja nadando sola. El doctor nos dice que todo es normal, pero nos advierte del riesgo por la edad de mi esposa y de las complicaciones que podría presentar y sobre todo el riesgo de muerte de Verónica. Le pregunto al médico:

  • Doctor ¿Cuál es la probabilidad de terminar bien todo?
  • Antonio no te voy a mentir, los riesgos son muy altos. La probabilidad de que Verónica o el bebé mueran son muy altas.
  • ¿Que recomienda?
  • Recomendamos hacer una interrupción del embarazo, es mucho el riesgo, es una decisión que deben tomar.

En eso miro a Verónica y ella está muy afectada. Puedo ver que está llorando, tomé su mano y la apreté con fuerza, para indicarle que también me afecta, pero que estoy con ella. Cuando el médico nos dice:

  • Bueno, espero que lo puedan conversar y cuando tomen una decisión me avisan para programar la intervención.

Nos levantamos de las sillas, le di la mano al doctor y nos fuimos. La invite a tomar algo a la fuente de soda que está cerca de la clínica. El camino lo hicimos en completo silencio, pero en todo momento, tomados de la mano, como hace mucho no lo hacemos.

Nos sentamos, realizamos el pedido y ahí Verónica me dice:

  • ¿Qué vamos a hacer Antonio?
  • Es difícil decidir sobre la vida de nuestra criatura, pero creo que ya criamos a dos hijos y prefiero tenerte a ti.

Ella puso su mano sobre el vientre y comenzó a llorar, debe tener la misma sensación mía y le pregunto:

  • Amor ¿Qué es lo que tú quieres?
  • Es tan difícil Antonio, por un lado entiendo lo que indica el médico, pero por otro lado me da miedo, tengo mucho miedo.

Son las 7 de la mañana en punto. La pequeña Verónica, mi Verito, siempre despierta a esta hora como un reloj despertador y como siempre me regala una hermosa sonrisa. Verónica hubiese estado feliz y orgullosa de llevarla a su primer día de Jardín.