La fuerza de Lautaro

03.02.2020

Hoy estoy cerrando un ciclo maravilloso de mi vida, al principio pensé que era un castigo o una prueba de dios, pero no, fue un regalo, fue la oportunidad de sacar lo mejor de mi y de mi amada compañera de vida, y conocer el verdadero sentido del amor, el amor sin condiciones, sin interés, sólo fue amor.

Estoy aquí en tu tumba mi pequeño Lautaro, después de esta primera semana sin ti. Fueron los cinco años más maravillosos de toda mi vida, estando aquí, junto a ti, puedo sentir la humedad del césped, eso me recuerda cada vez que te bañe, tu aroma, el sol tocando mi cara, cada rayo que me hace sentir la calidez de tu mirada, gracias hijo por todo lo que tú hiciste por mi y nuestra familia.

Hay algo que nunca te dije y creo que fue mejor para todos, pero es algo que ahora necesito sacarlo para cerrar este ciclo y volver a comenzar. Cuando Alejandra y yo nos enteramos que seriamos padres, te juro que a mis 20 años todavía no estabas en mis planes, pero te amé desde ese momento, creo que saber que tú vendrías a mi vida hizo que mi vida comenzara nuevamente, comenzábamos a formar una familia. Los meses fueron pasando, te juro que cada día que pasaba me ilusionaba más y más, en el control número seis creo que fue cuando el médico nos dijo que algo malo pasaba contigo, ni siquiera entendí bien que era. Esa noche no dormí nada y creo que fue más de un día, yo solo pensaba que era un castigo de dios, renegué muchas veces de el y creo que hasta pensé que no existía, no me podía explicar de cómo el permitía que algo te pasara a ti, a mi hijo.

Tú tenías fecha para dos semanas más para nacer, pero querías salir antes, en ese momento no lo entendí, pero ahora me hace mucho sentido, ya querías disfrutar el mundo, tenías muy poco tiempo para hacerlo. Ese día me llamaron de la clínica al trabajo, no sé cómo, pero llegue en tiempo récord, tenía la ilusión y esperanza de que el médico se hubiera equivocado, que solo fuera un mal diagnostico, jamás se lo dije a tu madre, pero era algo que tenía guardado en mi corazón.

Cuando me pusieron mil cosas para poder entrar a la sala de parto, en mi mente solo daba vueltas la idea de que no fuera cierto el diagnóstico, hasta que una enfermera me interrumpió el pensamiento y me dice: -Rápido, que ya nace. Un frío corrió por mi espalda, sabía que al fin te conocería y que todo iba a estar bien. La sala de parto estaba llena, había como 10 médicos por el alto riesgo de tu llegada al mundo, vi a Alejandra, me dio una mirada firme, pero logré ver en sus ojos el miedo, miedo que yo también tenía.

Después de tres pujes ahí estabas, todos corrían, te examinaban, pero yo solo vi al ser más hermoso de todo el mundo, te juro que al verte nacer, nací junto a ti, todos mis miedos, toda mi rabia desapareció ahí, en ese instante. Yo no quería escuchar nada y a nadie, te pusieron en una incubadora y yo te miraba y miraba, no podía creer que algo tan hermoso fuera mi hijo, tu mi niño, mi bebe.

Después de un rato el médico se acercó a mí y me dice: -Mira Julio, no te puedo mentir, sabíamos que esta era una alta probabilidad, tu hijo tiene holoprocencefalia semi alobar, es como una parálisis cerebral, en pocas palabras, por favor prepárate porque la de vida de tu niño es de 2 meses, dudo pueda ser más, lo siento.

Repasaba una y otra vez en mi cabeza el momento de verte nacer y no quería creer lo que me decían, algo tan perfecto como tú, no podía ser cierto, mientras estaba mirándote y pensando abriste los ojos y en ellos vi la fuerza, cosa que en ese momento no tenía, pero tú me la diste, la vi en ti, tu siendo tan pequeño me diste entereza y fortaleza que necesitaba, por eso ahora te lo agradezco, en ese momento aún no sabía el tremendo regalo que sería tenerte.

Te juro que cada día de esos dos meses no dormí y un solo minuto pensando que sería el último que te vería, cada amanecer fue un regalo diario. Cuando el tiempo fue pasando mis temores y mis angustias se fueron disipando, tanto fue así que solo te disfrutaba. Siempre supe que todo sería difícil para ti, pero tu fuerza interior me la contagiabas, sobre todo cuando tenías avances, para mi era como casi llegar a la luna.

Mi Lautaro, te voy a llevar siempre en mi corazón, gracias por escogerme como tu padre, me enseñaste que el verdadero amor existe, que es real. Sé que estás donde te mereces estar, estas en cielo y que ya no habrá más luchas que ganar, eres un ángel, mi ángel.

Te amamos hijo, fuiste y seras siempre nuestro motivo de vida.


En homenaje al pequeño Lautaro Nicolás Singh Zampini.