Isabella, Él y Yo

02.12.2019

En alguna parte, no recuerdo bien donde, escuche "Uno es soledad, dos es compañía, pero tres son multitud" es un poco la historia que quiero contarles.

Yo siempre he estado en el lugar incorrecto, a la hora no indicada, y así, en casi todo en la vida, en las rifas siempre salía el número anterior al que tenía yo, cuando estaba muchachito, mis compañeros de clases hacían algo malo, era yo quien terminaba siendo sorprendido, casi como maldición siempre algo malo me pasaba. Imaginen una vez que estábamos en una protesta donde estábamos más de 300 personas, una paloma me a mí. Esta vez no podía ser la excepción a la regla, lamentablemente esto es más duro que todas las anteriores, así fue mi historia con Isabella, él y yo.

A Isabella la conocí en la facultad y como regla en mi vida, llegué tarde, no estuve a la hora indicada. Sus encantos van más allá de una figura perfecta o una linda cara, no es que no sea hermosa, porque lo es, pero la belleza de ella sale de su interior, de su sonrisa. Jamás va a pasar desapercibida en donde esté, su alegría, la espontaneidad de su personalidad y su elegancia al caminar, hacía que me enamorara cada vez más.

Estuve casi dos años rondando su vida, pero siempre como amigo, entré en la zona del amigo, de la que con ansias quería salir, pero nunca pasó. Estudiábamos en su casa y en la mía, les juro que fantaseaba con que alguna vez, aunque solo fuera una vez, ella me mirara con otros ojos, ojos de amor, muchas veces soñé en alguna vez ser yo el protagonista de las historias que vivió con el. De ese tipo no me atrevo ni siquiera en decir su nombre, lo odio, por ese culpa de desgraciado yo siempre tuve conformarme con ser el amigo confidente, el paño de lágrimas, el que la consolaba cada vez que el le destrozaba el corazón, lo odio tanto por no darse cuenta de clase de mujer es Isabella, por no valorarla como lo haría yo.

Una tarde, cuando yo estaba estudiando para los exámenes finales de año, llegó a casa Isabella. Cuando la vi en mi puerta con los ojos hinchados de tanto llorar, la nariz parecía ser la de Rodolfo el Reno, por lo roja que la tenía de tanto limpiarse, lo peor de todo que es su voz no era la misma, la sonrisa que siempre lo iluminaba todo la tenía apagada, el brillo de su rostro estaba opaco, yo solo podía pensar que le hizo esta vez ese maldito, cuando sin mediar palabra me abrazó muy fuertemente, sentí por unos instantes que su corazón estaba roto, pero esta vez roto de verdad.

No quise agobiar con preguntas, solo estuve en silencio mientras la escuchaba llorar, no sé con certeza cuánto tiempo estuvimos fundidos en ese abrazo, hasta que en un momento se va a mi cocina, abrió la nevera y sacó una cerveza que ella sabía que siempre tenía guardada cuando me dice: - Daniel, es muy difícil lo que te voy a contar, no sé qué hacer, no tengo a quién más recurrir sino a ti, eres mi mejor amigo y la única persona en quien puedo confiar en este momento. Por una parte yo sentía que era importante en su vida, tal vez no como quisiera, pero importante al fin. -por favor cuéntame qué te sucede, porque estas así. Dando un sorbo muy largo a la cerveza me suelta la noticia -estoy embarazada, sin anestesia y sin rodeos. Lo primero que hice fue quitarle la cerveza, no es bueno que una mujer en su estado consuma alcohol, no podría con esa culpa si le pasa algo a su bebé, no sé cómo contuve los nervios, era lo último que quería escuchar y pensaba, ¿Cómo puede ser tan tonta? ¿No ve que ese estúpido lo único que ha hecho es jugar con ella y su amor? ¡Cómo puede estar tan ciega!

Sin hacerle ninguna clase de recriminaciones y con muy pocas palabras en la mente, porque me tomó tan de sorpresa le dije: -y ahora ¿Qué piensan hacer? La verdad es que no me interesaba en lo absoluto que pensaba hacer ese troglodita, solo me importaba ella. -no lo sé, hablé con Jordan y me dice que no está preparado ahora para ser padre y me puede dar la plata para el aborto. En mi mente solo sonaba ¡que poco hombre ese imbécil, no está preparado para ser padre, pero si para embarazarla! - ¿pero tú qué quieres hacer? Mi tono ya es de amigo, sino más bien de rabia e impotencia y también un poco de incredulidad - es una decisión muy difícil porque tendré que escoger entre mi bebé (lo decía poniendo su mano en el vientre) y mis estudios, no podré terminar la facultad, por eso estoy aquí, necesito de tu ayuda, de tu consejo. Yo respiré muy hondo, sabía exactamente que esta podría ser mi oportunidad con ella y le digo: - Isabella, no te preocupes por el, ahora solo importas tú y tu bebé, si tu quieres, tu y yo podríamos salir adelante con todo esto, no tienes porque dejar los estudios, yo te puedo apoyar y juntos salir adelante -pero yo quiero es estar con Jordan y hacer una familia, solo espero que recapacite, lo dijo con un tono entre esperanza y deseo profundo. Yo no podía creer cómo podía estar tan ciega, si está claro que el nunca la tomó en serio, no sé porque piensa que ahora será distinto, cuando me hace una pregunta que me hace explotar: - ¿crees que el cambie cuando nazca el bebé? Yo con mucha rabia y furia le respondí - cómo no te das cuenta Isabella que ese estúpido jamás te ha querido, nunca te ha valorado, ahora deberían estar planeando su futuro juntos y con la llegada del bebé, pero el como siempre te está dejando sola ¿no lo ves? Es tan poco hombre que jamás se hará cargo de ti como lo haría yo, porque te amo desde siempre.

Cuando le dije eso Isabella me miró tremendamente sorprendida y me dijo: -Yo esperaba apoyo de tu parte, como amigo, no una declaración de amor. Cuando terminó de decir la última frase, tomó su bolso y se fue de mi casa. No saben cuánto lamento haberle dicho eso, me deje llevar por los impulsos, la rabia y sobre todo por el amor.

Desde ese día no la volví a ver en la facultad y tampoco en los lugares que solíamos frecuentar, sentí un vacío muy grande y también la angustia de saber qué decisión había tomado con su vida, me arrepentí tantas noches de mis palabras, porque aunque sea de amigo, podía tenerla cerca y protegerla, aunque jamás me amara como yo la amaba a ella.

Yo seguí con mi vida me titule al año siguiente, ya han pasado 3 años desde que la deje de ver, pero nunca me la he podido sacar de la mente, ahí entendí que la frase que escuché "Uno es soledad, dos es compañía, pero tres son multitud" es verdad, en esa relación yo fui esa multitud, porque a pesar de participar escuchándola, solo estaba haciendo un bulto, un accesorio.

Por cosas del destino creo yo, por mi trabajo me trasladaron a otra ciudad, lo primero que pensé es que sería bueno cambiar un poco el aire y la escenografía y porque no, comenzar a olvidarla, pero esa misma tarde saliendo de la oficina después del primer día en la nueva sucursal, en el parquecito de la esquina estaba Isabella jugando con una hermosa niña. Sentí mucha alegría de ver que tomó a decisión correcta, su hija tiene su misma sonrisa, es tan bella como su madre, procuré no dejarme ver, no quise acercarme, y para qué, solo con verla así de hermosa como siempre iluminandolo todo junto a su hija sonriendo juntas, me basta para ser feliz.

No sé si es cobardía u otra cosa, pero no me atrevo a acercarme a ellas, solo me conformo con verla todos los viernes después del trabajo juntas en el parque y yo viviendo la fantasía de ser parte la vida de ellas, quiero vivir mi fantasía, de creer que somos una familia más jugando en el parque, pero cuando regreso a mi realidad, caminando solo a casa, me doy cuenta de que siempre voy a ser eso, una multitud en la vida de Isabella.