El Pacto

01.04.2019

Es verano, el clima está muy caluroso es la media noche y tengo mucho calor, bajo a buscar una cerveza al refrigerador, la destapo, pruebo un sorbo y está bien helada, la sensación refrescante es genial.

Siento ruidos en el patio. Salgo a mirar y no veo a nadie, seguramente fue algún gato, tal vez, viene a buscar los restos del asado que hice esta tarde con mis amigos.

Me siento en la mesa del patio para terminar mi cerveza, la noche a pesar de estar calurosa, está maravillosa, las estrellas y la luna.

Estoy en eso, cuando de pronto, de la nada, se aparece frente a mí una mujer. Mi primera reacción fue asustarme por la aparición repentina y también de asombro al verla. Es una mujer hermosa aunque los ojos son muy oscuros, con un traje de dos piezas impecablemente negro, con camisa y corbatín del mismo color. Aún no salgo del asombro de la situación e interrumpe mis pensamientos y me dice:

  • Hola Cristián, he venido por ti.

Y yo todo canchero le digo:

  • ¿Así preciosa? Contigo me voy hasta el cielo.
  • No sé si ese será tu destino, yo sólo estoy para llevarte.
  • ¿Y se puede saber el nombre de la mujer que voy a llevar a las estrellas?
  • A lo largo de los tiempos me han puesto de distintas maneras, pero el nombre que a mí más me gusta es Hela, es el más antiguo pero creo que tiene mucho estilo.

Es muy interesante esta mujer, a pesar que no tengo idea de quién es, me parece intrigante, osada y atrevida.

Me acerco a ella para besarla y al tocar su brazo se me congela la mano, casi no puedo moverla del frío, que extraña sensación.

  • ¡Ey! ¿tienes ropa anti hombres o algo parecido?
  • Por favor Cristián, preferiría que no me tocaras, porque la próxima vez te podría ir mal.
  • ¡Uy perdón!... ¿Qué me podría pasar? ¿Me amarras a tu cama y me besaras hasta matarme?
  • ¡No! Definitivamente ¡no!
  • ¡Qué ruda!
  • Cristián ya te dije, sólo te vengo a buscar, no a hacer vida social.
  • No estoy entiendo nada. Te apareces en mi casa y me dices que me vienes a buscar. Te haces la esquiva. Si no viniste a hacer algo interesante, mejor vete.
  • Cristián trataré de ser un poco más explícita: Yo soy la muerte y he venido a buscarte para llevarte. Tú ya no perteneces aquí.
  • ¡Ja, ja, ja!...eres muy graciosa primor.
  • Trataré de explicarte de qué se trata y cómo funciona, pero por favor escucha con mucha atención. La muerte es parte de la vida, ningún ser humano puede elegir el momento de su muerte, eso está definido por el equilibrio del universo y tu momento llegó ahora. Esto no es negociable, no es democrático, no se puede elegir o posponer.

De la forma que me habla, pareciera que estuviera hablando en serio. Hago un esfuerzo enorme por no reír, pero creo que debe tener un problema en la cabeza. La sigo escuchando sólo porque es hermosa. Estoy pensando en todo lo que me está diciendo y de pronto aparece como un aura en su cabeza, esta se agranda, y comienza a cubrir todo el lugar de una niebla muy espesa y negra. Todo esto me comienza a asustar.

  • Cristián ¿Has pensado en alguna cuál será la forma que vas morir? Tienes como opción un paro cardiaco, golpe en la cabeza en la ducha, una bala en la sien, dime cual prefieres.
  • ¡No! ¡Ninguna! ¡no es posible! ¡porque yo!

Comienzo a creer que es cierto, hace un momento tenía mucho calor, pero ahora el frío es insoportable. Este escenario tan tétrico que se está formando me hace pensar en muchas cosas, pero es más grande mi desconcierto.

  • Y ¿qué pasa ni me niego?
  • Uuu ¡Esto me pasa siempre! Te repito no es negociable, no se puede posponer. Este es tu momento, es tu muerte. ¿Ya elegiste cual?

No me puedo convencer de lo que me está diciendo. Cuando en eso toma mi mano y por alguna razón nos transportamos a una puerta grande, hecha totalmente de acero, se ve muy pesada y comienza a golpear, esta se abre de par en par y se ve un camino largo, pero no se ve a donde llega y le pregunto:

  • Hela ¿Qué hacemos aquí?
  • Este es el camino hacia tu destino. Estamos ahora en el inframundo, primero debes llegar al salón de tu juicio, este determina cuál será el lugar donde terminará tu alma. A propósito ¿ya escogiste la causa de tu muerte o debo hacerlo yo?
  • Si elijo el tiro en la cabeza ¿me dolerá?
  • No, ya tu cuerpo está separada de tu alma, es por esa razón que no te debes preocupar.
  • Entonces elijo esa. ¿Tú me acompañaras en el camino?
  • Yo sólo te puedo traer hasta acá, el camino es algo que tú debes recorrer, la muerte es personal.

No sé qué pensar, todo es muy surrealista. Hace tan sólo un momento estaba tratando de conquistar a una mujer y resultó ser la muerte. Aún no logro procesar, todo es muy confuso.

  • Cristián, ya debes irte.
  • Hela, ¿qué pasará con mi familia? ¿mis amigos?
  • Eso es algo de lo que ya no debes preocuparte, la vida de los demás sigue con o sin ti, adiós.
  • Me encantaría agradecerte, pero no lo haré.

Empiezo a caminar, a recorrer el camino, la luz es muy tenue casi roza con la oscuridad, lo extraño es que no siento mis pies, es como estar flotando.

Toda esta situación me pone a pensar en tantas cosas, por ejemplo: pienso en mi familia en especial en mi madre. ¿Qué pensará cuando le informen que me di un tiro en la cabeza? Pobre de ella, al parecer me equivoqué en la elección, debí elegir el paro cardíaco, sería menos traumático.

Sigo este camino que parece no terminar nunca. Tengo una mezcla de angustia y rabia por todo lo que estoy dejando atrás y por todo lo que quería hacer y no hice. Creo que es una mierda todo esto. ¡Sólo tengo 27 años y me tocó morir! Ahora después de haber estudiado y prepararme para el futuro, futuro que termina ahora, justo ahora.

Una loca idea se me cruza por la mente, me pongo a pensar que muchos de los grandes artistas también murieron a esta edad y en extrañas circunstancias. Estoy divagando cuando de repente de la nada chocó con una puerta tan grande como la anterior, por el efecto de la luz y mi distracción, no la vi. Me golpee muy fuerte pero no sentí dolor alguno. No sabía si golpear la puerta o no; pasé de la angustia al miedo en un segundo, cuando la puerta se abre.

No salgo de mi asombro cuando veo que un enano muy parecido a los banqueros de Harry Potter está en el medio y me dice con una voz muy chillona:

  • Entre y tome asiento, en un momento lo atenderán.

Hago lo que el enano me indica y le preguntó:

  • Disculpe señor ¿qué debo hacer aquí?
  • ¿No se lo explicó Hela?
  • Ella me dijo que tendría que llegar al salón de mi juicio.
  • Entonces ¿Por qué me preguntas si ya conoces la respuesta?

La respuesta del enano fue seca y sin ninguna empatía ¿no sabrá que yo me acabo de enterar que me morí? En eso entra un señor calvo y con mala cara, como si lo hubieran despertado, con un libro gigante bajo el brazo y dice:

  • Cristián, según tu expediente aquí dice que en general hasta los 6 años fuiste un buen niño, sólo una nota que indica que mataste al canario de un piedrazo. También dice aquí que hasta los 15 no hubo ningún problema mayor.

Es increíble que tengan toda mi vida documentada, ni siquiera yo me acordaba del canario.

  • Aquí tengo varias anotaciones; consumo de alcohol en la fiesta de graduación, consumo de marihuana en varias ocasiones, consumo de heroína, robo de auto, choque con causa de muerte a un bebé.
  • ¡Protesto!  ¡jamás maté a un bebé!

El señor para de leer, sube los ojos por sobre sus gafas y me dice:

  • No le he pedido que hable ¿Por qué lo hace?
  • Porque ¡yo no he matado a nadie! Que choque el auto con mi novia es cierto, pero no recuerdo haber matado a nadie y menos a un bebé.
  • Señor le explico, en ese momento su acompañante estaba embarazada de 2 meses, según consta en el expediente y producto del choque ella tuvo la pérdida del feto.
  • ¡Pero eso no puede ser posible! Ella no estaba embarazada.
  • ¿Cree que esto es un juego? Además sólo estoy en la lectura del expediente, así que tenga paciencia, porque aún no tengo el veredicto.

No puedo darle crédito a lo que me dice ¿Cómo es posible? Además la Cata me hubiera dicho que estaba embarazada.

  • Bueno parece que todo lo demás está correcto, no hay mayores temas así que daré el veredicto. Se determina que el alma de Cristián se va al infierno.
  • Pero ¿Por qué?
  • Tu vida fue bastante ordenada, pero la vida es la vida y nadie tiene el derecho a quitar una.
  • Pero eso fue un accidente, además no sabía de la existencia del bebé.
  • Señor, le voy a informar que al momento de su "accidente" usted estaba con alcohol y drogas, eso es igual a provocarlo, así que sin nada más que agregar doy por concluido el juicio.

Al momento de pegar con el martillo, el tac fue como un estruendo que casi me deja sordo, pongo mis manos en los oídos y cierro los ojos por una fracción de segundo, al abrirlos estoy en otra puerta grande como las anteriores.

Aún estoy consternado por lo vivido en el juicio, cuando las puertas se abren, ahí justo en ese momento un tipo gordo pero con cara de buena gente me dice con mucha alegría:

  • ¡Bienvenido Cristián! Te estábamos esperando.
  • Así y ¿Por qué?
  • Porque eres de los nuestros, vicioso, irresponsable y asesino, que mejor.
  • Espere, primero yo no sé porque se alegra porque para mí aún es algo incomprensible, segundo no soy nada de lo que usted me dice, así que por favor le pido que no vuelva a repetirlo.
  • No importa, lo único que verdaderamente importa es que vas a conocer al maligno y te dirá que hacer.

Me tomó del brazo y aparecemos en un parque con muchos árboles frutales, jardines con flores de colores, hierba y varias bancas de plaza. Jamás en mi puta vida pensé que el infierno fuera de este modo, cuando aún admiro el lugar un señor me interrumpe y me dice:

  • Bienvenido Cristián, me alegra mucho verte.
  • No sé cómo dirigirme a usted.
  • Bueno yo tengo muchos nombres tu puedes llamarme Lucifer.

¡Oh Dios mío!... ¡no puede ser! ¡Estoy frente al mismísimo Diablo!

  • Cristián ese nombre que acabas de pensar es el que menos me gusta, está muy trillado, además intenta no acordarte de él en frente mío.
  • Perdón no pensé...
  • No importa, veo que eres muy joven y que aún te falta mucho por hacer en la tierra y si te propongo un trato conveniente para ambos, este trato haría que pudieras volver a la tierra ¿quieres saber cuál?

Creo que por mí asombro de toda esta situación y aún con no tener ganas de morir, sin pensar y por impulso digo:

  • ¡Sí! ¡Por supuesto!
  • Pon mucha atención. Yo podría sólo con chasquear los dedos, ponerte nuevamente en tu cuerpo y hacer como que nada ha pasado, así podrías seguir con tu vida de forma normal, pero eso tiene un precio ¿aún te interesa continuar escuchando?
  • ¡Sí!
  • Necesito que hagas un trabajo para mí, este consiste en que tú debes asesinar a una persona antes de tu cumplas los 50 años. Tú escoges a quien, no hay reglas ni complicaciones, sólo necesito que hagas eso por mí, tú decides ¿quieres volver o quedarte aquí?
  • Y si me quedo ¿qué pasará conmigo?
  • Mira, mi mundo no es como te lo imaginas, aquí todos tenemos el objetivo de conseguir almas y así poder derrotar al otro poder, no hay fuego ni sufrimiento, es sólo que es eternamente.
  • Ya, pero ¿qué pasará conmigo?
  • Tendrás una función de prepararte en un entrenamiento para combatir a las fuerzas del otro poder, debo decir que es muy arduo.
  • Y si decido volver a la tierra ¿Qué pasará conmigo? ¿Qué gano?
  • Me gusta tu astucia, lo que ganaras es que ya no tendrás que combatir, estarás en mis salones junto a los generales disfrutando de cada victoria en las batallas.

Me pongo a pensar y la opción no es tan mala, ya que estoy aquí no tengo mejor opción.

  • Acepto tu propuesta, quiero volver a la tierra.
  • Muy bien, pero no te olvides de nuestro pacto.

En eso el gordo que me llevó, trajo una daga e hizo un corte en el brazo y la sangre que salió de la herida cayó sobre un papel.

Estoy en mi cama cuando me despierta el timbre, estoy asustado por todo lo que viví. Lo primero que hago es revisar mi brazo y veo que está intacto, eso me hace respirar mucho más profundo. Al parecer sólo fue un mal sueño, muy real, pero un sueño al fin y al cabo. Cuando abro la puerta es mi amigo Octavio y me dice:

  • Hola Cristián, ayer se me quedó el celular en tu patio ¿puedo pasar a buscarlo?
  • Claro amigo mío, adelante.
  • Oye que es raro olor ¿estás quemando de la mala o es azufre?