Cumpliendo El Pacto

06.05.2019

Estoy compartiendo un asado con mis amigos, mis amigos de siempre, pareciera que nos conocemos de toda la vida. Recordando las anécdotas que nos sucedieron juntos, cuando aún éramos solteros, ¡qué tiempos aquellos!

Cuando ya todos se han ido me quedo un rato más en el patio tomando una cerveza y mientras que Esmeralda mi esposa y mi hija Claudia, están organizando la cocina. Miro al cielo y puedo ver que está precioso. Las estrellas cada vez que las miro las veo más hermosas, me encanta el verano con el cielo despejado y el clima caluroso hace que pueda estar más tiempo en la noche observando la belleza de las estrellas.

Cuando me voy a la cama, Esmeralda me dice:

  • Mi amor, ya queda nada más que una semana para tu cumpleaños ¡que emoción!
  • Y ¿Por qué te emocionas tanto?
  • Bueno ¡son los cincuenta! Creo que es una edad especial, además este mismo año cumplimos 25 años de casados, no es poca cosa.

Justo ahí, sentí que un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. ¡Los cincuenta!...pensé. Lo veía tan lejano y ahora estoy a punto de cumplirlos... ¡no quiero! Ese sueño que tuve cuando era un muchacho, me tiene con una angustia terrible. Esmeralda interrumpió mis pensamientos diciendo:

  • ¿Qué te parece si hacemos una fiesta de cumpleaños? ¡Pero de disfraces! Me parece que es muy entretenido, además es una fecha muy especial.
  • Sí amor, lo que tú digas.
  • Mañana voy a enviar las invitaciones por Whatsapp a todos nuestros amigos para que se preparen.
  • Bueno amor.

Ese día no pude pegar un ojo en toda la noche, sólo pensar en ese sueño y cumplir los cincuenta me tiene con una rara sensación de angustia, sensación de miedo.

En esa semana previa a mi cumpleaños en la oficina mi jefe me dio una gran noticia. A mi jefe lo trasladaban a una nueva sucursal que estaban abriendo en el extranjero y me había recomendado para tomar su puesto aquí, así que me preparaba para tomar un avión mañana para ir a las oficinas centrales a firmar el nuevo contrato y ver los detalles de la paga.

Cuando llegue a casa le conté a Esmeralda, ella estaba feliz y me dijo que sabía que eso tarde o temprano pasaría y que era un motivo más para celebrar el día de mi fiesta de cumpleaños.

Todo estuvo relativamente normal hasta el día viernes, tuve más trabajo del habitual ya que necesitaba ponerme al corriente de las cosas pendientes que mi jefe y ahora colega estaba dejando. Ese día viernes me acuerdo que salimos como las 9 de la noche de la oficina, nos dimos un gran abrazo, le deseo mucho éxito en la nueva sucursal.

Cuando me subí al auto deje mi maletín en el asiento de al lado.  Cuando enciendo el auto una voz que está detrás de mí me asusta mucho, pensé de inmediato que me iban a asaltar cuando me dice:

  • ¡Hola Cristián! ¡Cuánto tiempo ha pasado!

El miedo me paralizó los brazos. Reconocí de inmediato esa voz. Miro por el espejo retrovisor y no lo podía creer, es ese gordo maldito que estaba en el sueño. Siempre pensé que fue un sueño, pero no, ¡fue real! y sólo logro articular un hola y él me dice con una alegría que no comprendo:

  • ¡Al fin llegó el momento! ¡Mañana se vence el plazo del pacto! Veo que dejaste todo para el último día.
  • Pero pensé...
  • ¡No! ¡No fue un sueño! y ahora vengo a recordarte el pacto que hiciste con Lucifer. Sólo te queda un día.

En eso se baja del auto y no logré ver a donde se fue, sólo desapareció en la oscuridad.

Mis temores se hicieron realidad, ¡No fue un sueño! ¡No sé qué voy a hacer! ¡No soy un asesino! Y ¡no quiero matar a nadie! Justo ahora que mi vida está en un buen momento. Pienso en mi familia, en mi esposa Esmeralda a la que jamás le conté nada de esto y por sobre todo pienso en mi hija Claudia, ¡ella está por terminar la universidad! Le voy a arruinar su vida, que angustia.

Me voy a casa muy cabizbajo, mi vida se acabó. Sé que eso sólo significa la cárcel, perder a mi familia y mi vida ¡maldito pacto! Preferiría no haberlo hecho nunca, no lo pensé era apenas un muchacho.

Cuando llego, mi esposa Esmeralda está con los preparativos de mi fiesta de cumpleaños y no me atrevo a decirle nada, la veo tan feliz y entusiasmada que no soy capaz de arruinarle el ánimo, cuando me pregunta:

  • Cristian ¿Ya decidiste tu disfraz para mañana?
  • No, aún no.
  • No dejes para último momento todo.

Cuando me dice eso me recorre un escalofrío por la espalda. Es la segunda vez que escucho lo mismo, pero esta vez creo que sí será lo último.

  • Bueno mi amor, sólo que esta semana fue muy ajetreada en el trabajo.
  • Si tú quieres, podemos ir mañana a la tienda de disfraces y te ayudo a escoger.
  • Claro, me gustaría.

Esa noche me senté en el patio de casa y miré al cielo a contemplar las estrellas, quiero disfrutarlas, porque tal vez sea la última vez que lo haga. Cuando me fui a acostar hice el amor con mi esposa, le dije que la amaba, que ella y nuestra hija ha sido lo mejor que me ha pasado, que agradecía todo lo vivido con ella.

No puedo con toda esta carga, no quiero cumplir ese pacto maldito. Por más que pienso aún no sé qué hacer, no sé sí cumplirlo o no, no sé cómo escapar a esto.

Me levanto muy temprano quiero aprovechar este día. Sé que será mi último día feliz. Mi princesa, mi Claudia, se levantó junto conmigo y tomamos desayunamos juntos, hace mucho que no lo hacemos. Ella siempre está estudiando y casi no la veo, pero hoy quiso acompañarme, lo que agradezco.

Vamos con Claudia a la tienda de disfraces. No estoy de mucho ánimo para elegir un disfraz, pero mi esposa se esmera por elegir el mejor. De la gama de disfraces el primero que me muestra es uno de preso, pero sé que lo voy a usar por mucho tiempo, así que prefiero que no. El siguiente disfraz fue el de la muerte y yo le indico que ese, definitivamente no. Hasta que me muestra el disfraz del Guasón y ella elige el de Harley Quinn.

El día lo pasé abrazando a mi esposa, tomándola de la mano y diciéndole todo lo que la amaba. Sé que se extrañó mucho, pero no dijo nada. Sé que le gusta que lo haga.

En la noche cuando comenzaron a llegar los invitados, todos me felicitaban por los cincuenta años y por mi nuevo puesto de trabajo, pero en mi mente sólo estaba el maldito pacto.

Estoy conversando con unos amigos y en eso llega el propio Lucifer junto a ese gordo maldito y me saludan. Creo que llegan sin disfraz, sino que su forma original y me felicitan por mi cumpleaños. Yo sólo comienzo a transpirar frio. Mi cabeza sólo hace negaciones, cuando él me dice:

  • ¡Cristian! Este es un pacto del que no puedes salir. Como te dije, sólo debes hacer este trabajito para mí y será una mejor "vida" después de la muerte jajá... ¡no lo veas tan malo!
  • Pero yo...
  • ¡No te preocupes! Esta vida es muy corta, en cambio la otra es muy muy larga ¡es para toda la eternidad! Y si cumples con el pacto, será una "vida" de grandes cosas.

En eso llega mi esposa y se presenta:

  • ¡Hola! Yo soy Esmeralda. Esposa de mi Guasón.
  • ¡Buenas noches señora Esmeralda! ¡Es un verdadero placer conocerla al fin!

En eso Lucifer le toma la mano y se la besa con mucha solemnidad. Mi esposa me mira con cara de extrañeza.

  • Cristian nos ha hablado muy bien de usted.
  • ¡Muchas gracias! Contesto mi esposa.

Felizmente una amiga llama a Esmeralda. Ella pide disculpas y se va. Cuando él me pregunta:

  • ¿Ya decidiste a quien vas a asesinar? Recuerda que no hay restricciones.

Se coloca a mi lado y comienza a dar un vistazo a todos los invitados y me empieza a decir:

  • ¡Mira! ahí está José. Él será uno de los nuestros. Él sería un gran candidato para ti, ya que él es ludópata, infiel y además es un vicioso y te aseguro que se va conmigo.
  • Pero...
  • Mira ahí también está Joel, un estafador sin escrúpulos. Sería otro gran candidato para ti.

Y siguió así. Dándome información de casi todos mis conocidos. Todos tenían algo que esconder y hacen cosas que jamás uno creería. Es interesante, pero aún tengo miedo. Cuando me pregunta:

  • ¿Ya tomaste tu decisión?

No alcanzo a responder, cuando en eso veo que entra a la fiesta Hela y me pregunto ¿Qué hace aquí? Y como siempre el lee mis pensamientos y me dice:

  • Está aquí porque sabe que hoy tiene que llevarse a alguien, pero aún no sabe tu decisión.

Ella se acerca dónde estamos y me dice:

  • ¡Cristian! Te queda poco tiempo y a mí también, así que por favor apúrate. La temática ya la conoces.

Estoy en una encrucijada. ¡No soy un asesino! Y sé que finalmente ya tengo un puesto seguro en el infierno y ¡todos presionándome! Mi cabeza está que explota, pero ya tome una decisión. Es una decisión cruel, pero creo que será la mejor.

Me dirijo donde está mi esposa y mi hija las invito al patio de la casa y les digo:

  • Por favor no quiero que me juzguen. Quiero que sepan que las amo con todo mi corazón y que desde donde esté, siempre estarán en mi corazón y mi mente. Lo que haré no me enorgullece, pero es algo que debo hacer.
  • ¡Pero Cristian! ¿De qué diablos estás hablando?
  • Es algo largo de contar, pero es algo que tiene que ver con él.

En eso indico a Lucifer y les digo él es el diablo en persona.

  • ¡Papá! Es una broma de muy mal gusto.
  • De verdad no tengo mucho tiempo para explicar, pero quiero que sepan que las amo y que voy a llevarlas en mi corazón para siempre.

Me reúno nuevamente con ellos y les indico que me acompañen. Salimos de la casa y les digo que me voy a suicidar. Hela me dice:

  • ¡Me parece una buena elección!

En eso veo que Lucifer se queda mirándome y me dice:

  • Creo que podrías vivir más tiempo, si asesinas a alguien más y poder así seguir viviendo tu vida feliz ¿Te interesa?
  • ¡Claro que me interesa! Pero no veo como podría continuar con mi vida, si al matar a alguien voy a ir a la cárcel.
  • No necesariamente ¿te interesa seguir escuchando?
  • ¿Pero qué debo hacer por ti esta vez?
  • Algo muy simple. Hazle firmar este documento a Esmeralda y Claudia, tu esposa y tu hija.

Tomo el documento y ahí está el contrato por sus almas, y me dice:

  • Podrás reunirte con ellas en el infierno cuando mueran, tal vez, no sea tan malo y podrás continuar con tu vida tal como la llevas. Tienes un día más de plazo ¿Aún te interesa?

Me quedé pensando un momento. Tal vez no sería tan malo, pero no estoy seguro de nuevamente negociar con él.

¡No sé cómo le creí al diablo! ¡Qué imbécil fui! ¡Ahora no sé qué será de mi esposa y mi hija!